“Unidad de Educación Media Superior Tecnológica Industrial y
de Servicios”
Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios
No.86
General Francisco Villa
Técnico en Producción Industrial de Alimentos
Estudiante: Erandi Castillo Gallardo
Segundo semestre grupo “J”
Docente: Maricela Cruz Ochoa
Educación
para la no violencia
Más de 40 millones de niños menores de 15 años sufren abusos
o maltratos cada año. Por este motivo la celebración del Día Mundial de la
Salud Mental 2002 se centra en los efectos del trauma y la violencia sobre los
más jóvenes. La educación social puede ser la clave para prevenirla y evitar la
aparición de conductas agresivas.
El informe mundial sobre violencia y salud elaborado por la
Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que las peleas y la intimidación
son las formas más comunes de violencia entre los jóvenes. El maltrato, el
abandono, las adicciones, los abusos sexuales o los problemas económicos
también suelen ser el caldo de cultivo habitual de las conductas agresivas o la
delincuencia.
De ambientes conflictivos
No obstante, en los últimos años las páginas de sucesos se
han visto salpicadas por relatos cuyos protagonistas son "jóvenes que han
crecido en ambientes aparentemente buenos y poco conflictivos, pero que
desarrollan patrones de gran violencia", explica Cobo.
Esto ha hecho que la atención de los especialistas deje de
centrarse únicamente en el estudio del niño víctima de la violencia y pase a
interesarse en el fenómeno del niño como agresor. Para abordar este tema, el
psiquiatra ha elaborado el ‘Manifiesto de proposiciones por un movimiento
contra la violencia’, en el que analiza los factores a tener en cuenta para
prevenir y combatir los comportamientos agresivos.
Daño sin razón
La violencia, según explica, es "la maldad que busca
hacer daño sin razón aparente, y todavía no hemos encontrado las claves que
expliquen este comportamiento. De ahí que sea necesario investigar las causas
del mal y analizar lo que pasa por las mentes de estos niños".
El estudio del origen de la violencia ha propiciado un
importante debate en el que los factores genéticos se enfrentan a los
ambientales. Según un estudio publicado en la revista científica ‘Science’, una
variación genética podría ser la clave del desarrollo de comportamientos
antisociales y agresivos. "Los niños que habían sido maltratados durante
la infancia y que además contaban con esa variación genética eran más propensos
a ejercer la violencia y cometer delitos criminales que los que únicamente habían
sufrido malos tratos o sólo contaban con el gen defectuoso", explica el
especialista.
Educación preventiva
A pesar de la implicación genética en el desarrollo de la
violencia, Cobo cree que "ningún gen ni factor ambiental por sí solo
parece determinar la violencia endógena".
Las proposiciones para no tener que curar la violencia en los
jóvenes se centran en la educación como base preventiva. Así, el manifiesto
aborda temas clave en el proceso educativo como el concepto de maldad o el
peligro de la legitimización de la violencia. Cobo cree que las conductas
violentas en los jóvenes se ven especialmente alimentadas "por la
agresividad social que llega a través de la televisión o los videojuegos. En
ocasiones se trata de violencia explícita, peleas, crímenes; pero también hay
que tener en cuenta la violencia que se presenta bajo la forma de aparente
nobleza, es decir, cuando se mata o agrede por el bien de otros".
Posesión del lenguaje íntimo: el niño debe aprender a
reconocer sus sentimientos, nombrarlos e individualizarlos. Esto le ayudará a
tolerar la autocrítica, comprender las razones de los otros y compensará la
tendencia a proyectar toda la culpa en los demás.
Capacidad para llegar a acuerdos y compromisos: es importante
que el niño tenga capacidad de diálogo en los contextos de violencia para que
pueda llegar a acuerdos con mayor facilidad.
Enseñanza de la función compasiva: consiste en reconocer y
entender el daño sufrido por otros y los sentimientos que la situación genera.
Estimular la ternura infantil: la falta de cariño desde la
infancia y la ausencia de cierta capacidad de ternura suelen propiciar la
aparición de conductas agresivas
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