ESCUELA: Centro de Bachillerato Tecnológico industrial y de
servicios No 86
ALUMNO: Hernández Pacheco Juan Manuel
PROFESOR: Maricela Cruz Ochoa
ASIGNATURA: Lectura Expresión Oral y Escrita
SEMESTRE: 2 do
GRUPO: “J”
TRABAJO: Ensayo
FEBRERO 2018-JUNIO 2018
ENSAYO
Es
un comportamiento deliberado, que provoca, o puede provocar, daños físicos o
psicológicos a otros seres, y se asocia, aunque no necesariamente, con la
agresión física, ya que también puede ser psicológica o emocional, a través de
amenazas u ofensas. Algunas formas de violencia son sancionadas por la ley o
por la sociedad, otras son crímenes. Distintas sociedades aplican diversos
estándares en cuanto a las formas de violencia que son o no son aceptadas. Por
norma general, se considera violenta a la persona irrazonable, que se niega a
dialogar y se obstina en actuar pese a quien pese, y caiga quien caiga.
Años atrás, la violencia era vista como un problema
privado. El hacerlo público de algún modo era inadecuado, incluso inaceptable
para una sociedad que se escudaba en su pensamiento conservador. Era común que
las víctimas sufrieran en silencio, ya sea por casos de abuso que involucraban
a sus parejas o a extraños. Mientras que los que sí denunciaban estas
situaciones eran vistas mal y nunca encontraban una respuesta empática. Esto
duró demasiado tiempo, y aún se percibe una realidad que se resiste a cambiar
por completo.
Los roles masculinos y femeninos que se aceptaban
por tradición han experimentado una transformación significativa en las últimas
décadas. En la Unión Europea, por ejemplo, se puede ver a una mayor cantidad de
personas que llevan sus vidas de una manera independiente. Se dan los gustos
que desean por sus propios medios y ocupan posiciones en diferentes sectores de
la sociedad. En gran parte esto se debe a que los derechos humanos han dejado
de ser incorrectamente delimitados por el género.
A pesar de todo esto, siguen existiendo casos de
violencia. Se calcula que dos tercios de la población ha sufrido de maltrato
físico o de abusos sexuales en alguna etapa de sus vidas. Esto es alarmante y
moralmente injustificable. Pues es producto de una sociedad machista que
enaltece al hombre por sobre todo, motivando un accionar condenable que muchas
veces es aprobado por figuras públicas. Algo que no solo afecta a los niños y
jóvenes de estos tiempos, sino que tendrá un efecto dominó en las futuras
generaciones.
No se trata de un problema aislado que solamente
involucra a un grupo minoritario, al contrario, estamos hablando de la mitad de
la población mundial. Razón suficiente para que las naciones redoblen sus
esfuerzos en búsqueda de una solución.
Entre las medidas que se pueden llevar a cabo se
encuentra una reestructuración de las leyes de los países más afectados. Los
victimarios deberían recibir todo el peso del sistema, siendo castigados de una
manera exponencial para servir de ejemplo. Otra forma consiste en la
capacitación de la policía, que muchas veces muestra una actitud ignorante
sobre el tema.
La necesidad de cambiar esta realidad es
irrefutable. Se tiene que promover el debate público y dejar de lado los tabúes
que existen a su alrededor. Los hombres, que en la mayoría de circunstancias
son los causantes de las agresiones, acosos y otras actitudes despreciables,
deben cambiar su mentalidad y entender que nada justifica la violencia.
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